Javier Arcos creció, dejó Guayaquil en Ecuador y se fue a Madrid para convertirse en publicitario. Trabajó 26 años en la profesión, muchos de ellos como director creativo, y mientras tanto, no dejó de coleccionar personajes de hojalata con aspecto robótico. Luego, como desestresante, empezó a construirlos él mismo y reconoce su afición por los superhéroes y dice que cuando viaja busca piezas que puedan convertirse en un futuro robot.
Después de vender alguna de sus creaciones, más por falta de espacio que por necesidad, vio su futuro. Ahora ha montado Pitarque Robots, un taller en la calle Hortensia, 2 de Madrid, donde tendrá una exposición permanente no solo de robots, sino también de cámaras y radios antiguas.

